Como ya es costumbre cuando el calendario amenaza con aglomeraciones, la Municipalidad Provincial de Arequipa ha decidido que la mejor forma de «celebrar» San Valentín y los Carnavales es poniendo una barrera física entre el ciudadano y su plaza. Bajo el argumento —siempre útil— de proteger el ornato público y cumplir con las exigencias de la UNESCO, el corazón de La Ciudad lucirá un cerco metálico durante este 14 y 15 de febrero.
La medida, que se vende como «preventiva», es en realidad la confesión de una gestión del espacio público que, ante la incapacidad de educar o gestionar flujos masivos, opta por el confinamiento del área verde y los monumentos.

La logística del aislamiento
El despliegue no es menor y afectará la dinámica del Centro Histórico:
- El cronograma: El «jaque» al cuadrilátero central empieza a las 6:00 a. m. del viernes 14 y, en teoría, termina a las 7:00 p. m. del sábado 15.
- Zona de tránsito: Si usted pensaba cruzar la plaza, prepárese para el embudo; solo los portales quedarán libres para el tránsito peatonal.
- Cláusula de extensión: La municipalidad se reserva el derecho de mantener las vallas si el «desorden» persiste. Un criterio subjetivo que suele depender más del humor de la guardia que de un protocolo técnico.
Fiscalización y el rastro del festejo
Detrás de la retórica de preservación del Centro Histórico, la gestión intensificará la fiscalización del comercio ambulatorio, una guerra de guerrillas urbana que suele recrudecer en estas fechas. Una vez que el amor y la espuma de los carnavales se disipen, se ha prometido una jornada de baldeo y desinfección integral. Es el protocolo post-caos: limpiar los restos de una festividad que la ciudad parece no saber cómo albergar sin ponerse a la defensiva.
Queda en el aire la pregunta: ¿Es el envallado la solución definitiva o simplemente el síntoma de una ciudad que no confía en el comportamiento de sus habitantes?
Creo en Dios sobre todas las cosas.
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