La temporada seca en los Andes no perdona. Entre julio y diciembre, la propagación de incendios forestales se convierte en una amenaza directa que devora ecosistemas, calcina viviendas y paraliza la economía de la macrorregión sur.
Las proyecciones son alarmantes. Según las estimaciones del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), para el periodo 2025-2027, solo en Arequipa hay 6502 personas y 2079 viviendas asentadas en zonas de muy alto riesgo ante el avance del fuego.
«Los incendios son un riesgo recurrente y, precisamente por ser previsibles, las autoridades pueden anticiparse. Limpiar la vegetación seca y equipar brigadas locales es infinitamente menos costoso que enfrentar la pérdida total de cultivos, viviendas e infraestructura», explica Patricio Lewis, investigador de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).
Patricio Lewis, investigador de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).
El factor humano y la geografía del desastre
Un incendio forestal rara vez es un accidente natural. La inmensa mayoría nace de la negligencia humana, especialmente por quemas agrícolas descontroladas. En los últimos días, el asfalto y los pastizales arequipeños han sido testigos del avance de las llamas en tres frentes críticos
- Sector de Sogay (distrito de Yarabamba, Arequipa).
- Centro poblado de Pinchollo (distrito de Cabanaconde, Caylloma).
- Sector Pampa de Arrieros (distrito de Yura, Arequipa).
El colapso de la economía rural
Cuando el fuego avanza, no solo quema vegetación; calcina el sustento familiar. El Cenepred advierte que la región tiene más de 6000 hectáreas agrícolas en la línea de fuego.
El caso de la alfalfa en distritos como Yarabamba, Cabanaconde y Yura es el ejemplo perfecto de esta vulnerabilidad. Aunque es un cultivo resistente a las heladas andinas, su rápida combustión lo convierte en gasolina pura para los incendios. Su pérdida significa dejar sin alimento vital al ganado vacuno, cuyes y conejos, golpeando la médula financiera de los productores locales.
«En las zonas altoandinas, perder áreas de pastoreo compromete directamente la supervivencia económica. A diferencia de las grandes industrias, el pequeño productor no tiene liquidez para rehabilitar terrenos en el corto plazo. Esto revela una enorme brecha en las capacidades de atención del Estado»
Patricio Lewis, investigador de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).
La prevención ya no es un tema de agenda ambiental; es una urgencia económica de primer orden para proteger la base productiva de Arequipa.
Creo en Dios sobre todas las cosas.
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- Paolo Quintana Velarde
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